Ayer domingo 20 de Febrero, Ana Locking destacó en Cibeles presentando sus propuestas en una colección que bautizó como Stance. En esta colección, como en otras de Ana Locking, las claves son las formas, el contraste, y el tejido.
Los colores por los que apuesta Ana Locking para el otoño y el invierno que nos esperam son el azul Yves Klein, el rojo energy, el dorado, el nude, el camel, el mostaza, el turquesa, el beige, el negro, el gris. Sin ningún reparo a combinarlos entre sí, o a llevar un total look de un mismo color.
Las formas nos transportan a los años 80; hombreras, cortes rectos, siluetas geométricas y alargadas, y vestidos en bloque bi o tricolor. Caparazones para la vida moderna, cortes rígidos, y formas masculinas adaptadas a mujeres. Estructuras más propias de un arquitecto que de una diseñadora, triángulos y cuerpos con forma de T.
Otra de las tendencias es la de los plisados a lo Issey Miyake. Vestidos con un movimiento de 360º donde el tejido es el protagonista. Diosas grecorromanas del siglo XXI armadas con tacones de auténticas agujas.
La joyería es industrial, tubos de latón e hilo de cobre de fontanería bañados en oro de 18 kilates. Lujo hardcore entre lo sobrio y lo opulento, como todos los detalles y accesorios. La clave es el oro, marcando el carácter mediterráneo en contraste con la desalmada industria.
Una de sus propuestas más arriesgadas (y en mi opinión cuestionable) es la falda para hombres, que ya han enseñado otros diseñadores como Vivienne Westwood, o Comme de Garçons, y han llevado figuras como el propio Marc Jacobs.
Mi particular oscuro objeto de deseo, los zapatos bicolor que lucían los modelos. Deliciosos.







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