domingo, 11 de marzo de 2012

Revisión de la última colección de María Escoté: SHOCK

Puede que María Escoté deje de ser la eterna incomprendida de Cibeles (con su permiso) y sea considerada, a través del prisma del tiempo, como una de las diseñadoras que mejor reflejó los cambios sociales de la época y de nuestra generación.
El trabajo de María Escoté es tan denso, y contiene tanta información, que a día de hoy, sigo sacándole nuevas lecturas. Es cierto que ya hablé de su última colección presentada, SHOCK, en este blog, pero me precipité, queriendo compartir con mis seguidores algo que aún no había digerido.
Ni flúor, ni neon. Es el color discoteca. Y el menester de salir de fiesta, vivir el presente, y disfrutar del ahora.
Vivimos un tiempo donde impera el fatalismo, universitarios estudian sabiendo que lo único que van a encontrar es el paro, y nuestra única opción de tener una casa es heredar. Puede que seamos la primera generación que viva peor que la anterior. En resumidas cuentas, no tenemos futuro. Por lo tanto, si nuestro futuro no existe, ¿qué vivimos? El presente. Vivimos en un eterno presente, en el instante, en el ya, en el automático. Sorprendentemente resucitamos tópicos literarios como el "carpe diem" (vive el momento), y el "collige, virgo, rosas" (recoge, doncella, las rosas, que mañana estarán marchitas).
Prueba de esto último es que la colección que María Escoté presentó en la Madrid Fashion Week, ya estaba a la venta minutos después de haber salido en la pasarela. Que la ropa estaba calentita, como quien dice. Somos incapaces de imaginar un futuro, aunque sólo suponga unos meses.
Rayos de velocidad multicolor, que cambian como nuestros gustos. Considerando feo, lo que hace sólo unos días era bello.
Otra lectura que se me ocurre que explique este fenómeno es el inconformismo. No queremos ropa de primavera cuando sea primavera. Y tampoco queremos ropa de otoño cuando sea otoño. Si los diamantes estuvieran al precio del grafito, no querríamos diamantes. Ansiamos, deseamos, y queremos, lo que no podemos tener. No queremos un Kelly de Hèrmes porque sea bello, o práctico. Lo queremos porque es difícil. Cuanto más lejos esté nuestro objeto de deseo, contrariamente a olvidarnos de él, aumentan nuestras ganas de poseerlo. El inconformismo es parte del, para mi maravilloso, capitalismo en el que vivimos. Si fuéramos, por el contrario, conformistas, no tendríamos ambiciones, ni sueños, ni codicias.
Cruces cristianas, estrellas de David, y cruces egipcias. Que cada uno se quede con lo que quiera.
Las religiones hoy en día son tan relajadas, que puedes ser cristiano, practicar yoga, decorar tu casa según el orden del feng shui, y tatuarte una frase del Corán en árabe. Asistimos a una barra libre espiritual, donde nos apuntamos a lo mejor de cada religión o de cada estilo de vida, pero no guardamos fidelidad a ninguna en particular. Y en el desfile de María Escoté encontramos un batiburrillo de símbolos religiosos en la ropa y en los accesorios que dan fe de ello.
No estoy diciendo que la Escoté sea consciente de la sociología de los últimos años, e inserte mensajes ocultos a lo Illuminati en sus colecciones. Nada más lejos de la realidad. Pienso que su absorbente cerebro, es una máquina perfecta, que recoge todos los mensajes y estímulos de la vida moderna, mientras su subconsciente los coordina y los expresa de la mejor forma posible: a través de la creatividad.

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