La hija de Paul McCartney, dejó de ser la hijísima hace mucho tiempo para convertirse en Stella McCartney, una diseñadora con nombre propio independientemente del apellido. En esta última ocasión vuelve a sorprendernos con su elegancia y austeridad, creando una relación triangular entre los colores azul klein, blanco y negro.
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| Liu Wen, Karlie Kloss, y Joan Smalls, en blanco, azul y negro. Un estilo minimal deluxe entre lo cosmopolita y lo rural. |
Como todos a lo largo de nuestras vidas haremos alguna vez, Stella comienza a separarse de la ciudad, de la teconología, de la modernidad, y busca inspiración en el campo, en los tejidos clásicos como el punto, y en las formas tradicionales de la mujer. Es por eso que los únicos motivos que se conceden en esta templada colección, son los botánicos; flores y hojas dispuestas simétricamente de manera gentil. Un equilibrio entre el día y la noche, la ciudad y el campo, lo clásico y lo moderno.
Dicen que la McCartney es una de las diseñadoras que más comprende a las mujeres a la hora de trabajar. Sus clientas son fieles a la marca porque la diseñadora no les da únicamente lo que quieren, si no también lo que necesitan. Respeta mucho la forma de la mujer, y en esta colección lo ha manifestado ensanchando las caderas, esculpiendo los hombros, y afinando las cinturas, algo que sin duda favorecerá a muchas.
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| Anja Rubik, Zuzanna Bijoch, y Natalia Vodianova, la musa de Stella McCartney (que yo la veo cada vez más fea). |
Es bien sabido que Stella McCartney será la responsable de realizar los uniformes para las Olimpiadas de Londres, y no sé si es mi subconsciente, pero en estos últimos vestidos veo mucha influencia deportiva. ¿Os imagináis a una tenista jugando con estos vestidos? Desde luego que si los olímpicos se visten de Stella McCartney pienso seguir estos juegos más que nunca.



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